Hace tres años que José Andrés Santiago logró sacar a su empresa del concurso de acreedores. A pesar de que su negocio marcha bien, hasta ahora no ha conseguido que los mismos bancos que le sugirieron acogerse a este proceso le presten un solo euro para financiar circulante. Así que cuando unos amigos le hablaron del crowdlending, se dijo a sí mismo “¿Y por qué no?”.

La coincidencia en el tiempo de la peor caída del crédito en 50 años y el surgimiento de una nueva generación de financieras tecnológicas, más ágiles y dispuestas que las entidades tradicionales, ha llevado a que cada vez más pymes se hagan esa pregunta. En el caso de Industrial Blansol, compañía familiar que dirige Santiago, fue providencial.

“Los bancos siempre dicen que cuanto antes te acojas al concurso es mejor, que ellos son los primeros interesados en que les pagues y que, después, te ayudarán, pero no es cierto. La dura realidad es que, a las empresas que han tenido la desgracia de pasar por una reestructuración, no les dan ni agua”, se queja este empresario de 50 años. “Ellos gestionan mirando el retrovisor. Las fintech, en cambio, lo hacen mirando hacia adelante”, opina.

Industrial Blansol fabrica en Cantabria y Barcelona tuberías de plástico, el 60% de las cuales exporta a más de 30 países, aunque sus principales mercados son Francia y Marruecos. La compañía, con 62 años de vida, acababa de invertir 30 millones de euros en una nueva fábrica cuando sobrevino la crisis, en 2008. Como muchas otras empresas dependientes de la construcción, no pudo resistir el colapso del sector y en el verano de 2013 se declaró en concurso.

Salió a flote un año después, pero se topó con la indiferencia de los bancos. Ninguno ha querido prestarle el dinero que necesita para cubrir el desfase de 60 días entre el cobro de sus facturas y el pago anticipado a sus proveedores. “Se trata de financiación a corto plazo, que entraña muy poco riesgo porque nuestras ventas están cubiertas por aseguradoras de crédito y nuestros clientes tienen buena trayectoria. Y aun así, se niegan”, asegura Santiago.

Blansol encontró la salvación en MyTripleA, una web que canaliza fondos de pequeños inversores y prestamistas a pymes y autónomos, con la que lleva dos años trabajando. “Estamos contentos. Sus tipos de interés son más altos que los de los bancos, pero son más flexibles y, si no tienes alternativa, te pueden salvar la vida”, añade.

MyTripleA, Spotcap, Lendico, Iwoca, Lendix…, en los últimos años han aparecido multitud de webs que contactan a pequeños inversores en busca de una alternativa a la exigua rentabilidad de los depósitos a plazo, con emprendedores, pymes y autónomos a los que la banca ha cerrado las puertas. También existen otras, como Excelend y Zank, que intermedian solo entre particulares.

Pero todas tienen en común el que no cuentan con una red de sucursales, normalmente están especializadas en un servicio concreto (préstamos, pagos, divisas, asesoramiento…) y utilizan Internet para relacionarse con sus clientes. “Metafóricamente, es el equivalente a la aparición de nuevas especies en un entorno vital cambiante”, afirma Ricardo Palomo, catedrático de Economía financiera de la Universidad CEU San Pablo.

En los próximos cinco años estas plataformas vaticinan que moverán 2.000 millones de euros

En esencia, lo que estas financieras tecnológicas hacen es servir de puente entre iguales y, por eso, también se las conoce como plataformas peer to peer. De acuerdo con la modalidad de financiación que faciliten, sus operaciones reciben el nombre de equity crowdfunding, cuando canalizan pequeñas cantidades de multitud de pequeños inversores a cambio de una participación en el accionariado de la empresa, y crowdlending cuando el dinero se presta a cambio de un rédito.

Dependiendo del servicio y modelo de negocio, operan con autorización del Banco de España, la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) o ambos, pero en ningún caso están sujetas a regulación bancaria porque no intermedian ahorros del público sino fondos de inversores. Su marco normativo es la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial.

La norma establece el importe máximo que una empresa puede captar a través de estas plataformas: dos millones de euros por préstamo si el dinero se reúne con aportaciones de inversores aficionados y profesionales, o cinco millones si participan exclusivamente esos últimos. En el caso de MyTripleA, el crédito medio es de 80.000 euros a 18 meses.

A pesar de que no gastan demasiado en infraestructura ni personal, sus tipos de interés son más altos que los de los bancos porque sus recursos proceden de inversores privados, que exigen una rentabilidad mayor. Iwoca, por ejemplo, cobra una media del 3,5%, y MyTripleA, del 6%, aunque, según Excelend, la media del sector para empresas sin garantías varía entre el 5,25% y 5,75% dependiendo del importe y riesgo de cada operación.

En cuanto a las garantías para el inversor, Antón señala que, si bien los préstamos no están provisionados como en el caso de la banca –“cada inversor asume su riesgo y cobra una rentabilidad”–, la plataforma ofrece la posibilidad de invertir en operaciones avaladas por sociedades de garantía recíproca que, de producirse un impago, responden por los intereses y el capital pendiente.

Según Lendix, en el próximo lustro, las plataformas de crowdlending moverán en España más de 2.000 millones de euros en préstamos a empresas, el equivalente al 2% del total. Para José Andrés Santiago, más allá del crecimiento de estas nuevas financieras, lo que está en cuestión es la función de las entidades bancarias: “Si después de haber sido rescatadas con ayudas públicas, no quieren transmitir el dinero de los depositantes a las empresas ni asumir riesgos, para qué las queremos”.